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Conversatorio Porfía Feminista. Feminismo, Autonomía y Proceso Constituyente

Conversatorio Porfía Feminista. Feminismo, Autonomía y Proceso Constituyente

Hoy 1 de marzo, y ad portas de un nuevo 8M, hemos dado inicio este ciclo de conversatorios ❣️Porfía Feminista❣️hablando de autonomía, que consideramos es uno de los pilares de la política feminista ✊🏻💜 Qué sentido tiene la autonomía, hoy, nos preguntamos; ¿Es la autonomía una forma de resistencia a las políticas patriarcales, una estrategia política o una utopía que nos conecta con el horizonte de una cultura feminista? O quizás, ¿un modo de identificación fuera de los partidos políticos? ¿Es la autonomía un concepto estático o un devenir de la política entre mujeres?
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Porfía Feminista: una práctica de la autonomía

Porfía Feminista: una práctica de la autonomía

Frente a la precariedad de las comunicaciones y de la información en los medios masivos y en la prensa acerca de la participación y los aportes de las trayectorias feministas en la convención, el proyecto Porfía feministase propone darle un lugar en la escena publica chilena. A través de la organización de diálogos, debates, programas radiales que serán transmitidos en diversas plataformas digitales y visuales llegaremos allí donde aun no se habla de feminismos ni de autonomía feminista. Buscamos abrir diálogo con la multiplicidad de espacios sociales, descentrados y diversos para, incentivar preguntas, y curiosidades que nos unan intergeneracionalmente.

La comparecencia pública del feminismo en diversos espacios institucionales, en los poderes del Estado, en la Academia, en espacios autónomos, en múltiples organizaciones de mujeres en los territorios y en las manifestaciones políticas urbanas, configura, en la actualidad, una fuerza política amplia, plural y diversa, que se traduce en un poder social único en sus características, sus prácticas políticas y sus lenguajes.

Consolidada en la práctica política de la autonomía, la trayectoria feminista se sustenta filosóficamente en el deseo de libertad, que ha consolidado su actoría política como una presencia porfiada e insistente, frente a las injusticias de género con que la cultura patriarcal hegemoniza el pacto social.

Las luchas iniciadas a principios de siglo XX, en que el foco estuvo puesto en la obtención de derechos civiles y ciudadanos, se fueron haciendo más complejas, en la medida en que las mujeres ponían en escena discriminaciones que marcaban sus vidas con un destino no elegido por ellas. Las políticas patriarcales y las formas como las sociedades liberales avanzaron en no cuestionar la cultura machista que naturaliza discriminaciones, violencias y abusos inaceptables, tuvo por efecto potenciar y proponer, desde las mujeres, formas de organización distintas a los partidos políticos, en que se sustenta la democracia. Solo en organizaciones de mujeres se podría interrogar prácticas públicas y privadas naturalizadas. Tomar conciencia que esa naturalización es un factor de dominio masculino ha sido posible desde formas organizacionales rebeldes y resistentes a las ordenes patriarcales. Con el logro de los derechos de ciudadanía, las mujeres iniciaron la propuesta callejera, salieron del silencio de lo privado, inauguraron hablas, demandas y discursos propios.

La segunda ola feminista levantada en dictadura, en que la pérdida de los derechos ciudadanos y la supresión de las prácticas políticas, puso en lo público preguntas por el ejercicio de la ciudadanía y la democracia, dejó en evidencia la deuda de la modernidad con las mujeres:  Las mujeres, insistentes en la necesidad de ejercer sus derechos fundamentales, se convirtieron en sujetos activas de palabras y acciones transformadoras de sus propias vidas. En un espacio público vigilado y reprimido, la cuestión feminista se desplazo de lo público a lo privado de la vida: preguntarse por la democraciaentonces fue una interrogante llevada al interior de la casa y a las formas de convivencia, a mirar la institución de la familia como espacio de los cuerpos y sus poderes conculcados por el machismo imperante. Había que politizar lo personal, cuestionar el poder sobre el cuerpo de las mujeres y sobre todo hablarlo; nombrar el cuerpo desde la autonomía feminista. Nombrarse como sujeto, demandar derechos: sexuales y reproductivos, decidir la maternidad, levantando una lucha intransable por el derecho al aborto libre, seguro y gratuito. El movimiento feminista de entonces consolidado en una fuerza social poderosa de gran masividad se constituyó en un actor de gran potencia en el derrocamiento de la dictadura.

Democracia en el país y en la casano fue entonces solo un slogan, sino un interrogante, un cuestionamiento inaugural, a un significante cerrado en la institucionalidad de la política formal, en un país donde la democracia había sido asolada por la represión y el autoritarismo. Recuperar la democracia, desde el mundo político no parecía tener otra referencia que la dirigida a la institucionalidad política, dejando intocadas las prácticas patriarcales que oprimen a las mujeres; su significación aún vigente abrió la mirada en transición, para encontrarnos con un cuerpo social enfermo de pérdidas, carencias y violencias invisibles. La Morada se funda en ese contexto de activismo y pensamiento que puso en la escena pública preguntas libertarias sobre: las formas de familia, la violencia contra las mujeres, la sexualidad, el lesbianismo, la emancipación de los poderes religiosos y sus prohibiciones; escribir la memoria fue desde entonces un imperativo. El cuerpo de las mujeres entra a la vida pública con un protagonismo inédito en la historia para proponer erradicar todas las formas de violencias patriarcales. Trabajo de mujeres que fortaleció la autonomía y la construcción de nuevos lenguajes, nuevas estéticas y nuevas prácticas políticas. El discurso feminista tiene entonces una emisión fuerte en Radio Tierra, primer proyecto feminista en el dial para toda la Región Metropolitana.

En mayo de 2018 se produjo el levantamiento estudiantil protagonizado por mujeres universitarias. Se le llamó tercera ola feminista. Esta vez lo que se pone en escena es, a nuestro juicio dos cuestiones fundamentales: una, la necesidad de leer el movimiento como continuidad de un recorrido que desde su emergencia, en los comienzos del siglo XX, no ha dejado de estar presente; incluso en sus momentos menos visibles las mujeres se han organizado, han producido textos y cultura feminista; han pensado estrategias para avanzar en su lucha por la libertad de elegir su destino y sus deseos, de hacerlo desde sus propias convicciones y autonomía, otra es la emergencia de la necesidad  de visibilizar una corporalidad autogestionada, ajena a las normativas masculinas; constituirse en sujetos de su propio deseo, escenificar públicamente otra estética del cuerpo. Sin saberlo, las mujeres responden, a Virginia Woolf que en 1922 decía que pasarían aun muchos años antes que las mujeres nombraran su propio cuerpo. En el centro del debate está ahora el cuerpo: las denuncias de violencias, acosos y abusos, particularmente se denuncia la violación en la que se acusa la complicidad del Estado. Utilizando las calles de las ciudades decían lo que habían callado durante siglos y mostraban lo que habían estado obligadas a ocultar. El cuerpo empoderado, pone en entredicho la cultura patriarcal; la política institucional, la vida académica, las comunicaciones como espacios que deben ser transformados.

La autonomía feminista incorpora discursos, acciones y prácticas consistentes con luchas identitarias, interseccionales y políticas -locales y globales-, desarrolla micropolíticas transformadoras y necesarias para una nueva democracia: plural diversa y transgenerizada.

Tanto la práctica organizacional como las múltiples perspectivas, estrategias y causas que convergen en las necesidades de la actualidad, nos permite pluralizar los feminismos, para referir a la diversidad de demandas, posiciones y espacios de lucha que surgen de los anhelos y deseos enraizados en una continuidad no siempre lineal, pero si persistente en el sentido histórico de sus convicciones.

Nos atreveríamos a decir que el feminismo es autónomo, en la medida en que siempre ha construido un relato singular, propio, fuera de las hegemonías patriarcales y en sí mismo anti hegemónico. Si bien durante la dictadura la discusión de la autonomía se centró en la referencia a la lógica de las militancias partidistas, hoy debemos repensar la autonomía como una noción que se modifica de acuerdo a relaciones e interferencias con los contextos históricos en que se pone en práctica.

En la actualidad ser autónoma o construir autonomía, excede las relaciones con la política institucional y las lógicas partidistas, para interrogar formas y prácticas políticas en la multiplicidad de espacios que diversifican y a la vez hacen converger lo político, disperso en la fragmentariedad social en la que se construye la crítica al neoliberalismo: segmentos marcados por luchas identitarias, por nuevas sexualidades, en la lucha contra el cambio climático, la crisis hídrica, los problemas migratorios, la feminización de la pobreza, las demandas de los pueblos originarios: la autonomía feminista comparece aliada a la crítica a las hegemonías masculinas. La autonomía, en estos contextos se vuelve una posición estratégica, más que una declaración de principios, en la que nos situamos para perseverar en la historia y la complejidad del feminismo.

Posicionadas en la autonomía ejercemos el poder político de hacer alianzas estratégicas parciales (temporales, locales, temáticas) para avanzar en la pluralidad de espacios que exigen transformaciones a la cultura patriarcal y capitalista. En el hacer política actual podemos hablar de unaautonomía relativa,en la medida que nos situamos en la complejidad social y cultural de necesidades que requieren apoyos, complicidades, recursos económicos, participación de actores diversos y plurales, que a su vez hablan desde otros lugares, otras historias y otras luchas. Estamos inscritas en un sistema social, político y cultural, en el que nos situamos críticamente, pero con voluntad de diálogo, lo que indica que no podemos concebir la autonomía en términos absolutos. La autonomía feminista es el horizonte utópico que nos permite avanzar hacia una sociedad en que las realidades de las mujeres sean índices del estado de la democracia. Vivida como una permanente tensión con un sistema político y cultural que busca capturar lo que excede a sus mecanismos de control, la autonomía es irrenunciable como posición política que surge de los recorridos propios y de las experiencias dolorosas con que la cultura política patriarcal ha intentado e intenta subordinarnos. La autonomía se sostiene en los deseos de libertad de conducir nuestro destino político; según nuestra perspectiva es un espacio deliberante entre mujeres, para comparecer públicamente, animadas (en anima y animus) de propuestas feministas transformadoras.

En el contexto actual en que el país, con un grado de participación democrática inédita, escribe una constitución en paridad de género, representación de pueblos originarios y de movimientos sociales diversosy regionales que hará posible desechar la constitución autoritaria producida en dictadura, se hace presente la necesidad de construir y hacer visible el transcurso feminista autónomo, en Chile. Históricamente las estrategias feministas han construido su recorrido en caminos propios, difíciles, inaudibles y resistidos por las prácticas masculinas dominantes, el feminismo ha puesto siempre el cuerpo,sin que su aporte sea legitimado  en las grandes decisiones nacionales, ni menos en las estructuras de las políticas institucionales que  han construido lo actual.

El estallido de octubre de 2019, produjo una visibilización y un protagonismo feminista, no visto anteriormente: marchas, discurso, bailes callejeros y performances, grafitis y consignas de gran potencia y fuerza social que junto a los resultados de las últimas elecciones de en que fueron elegidas ,como nunca, mujeres en cargos de alcaldesas, concejalas y diputadas  nos exige abrir otras memorias  y recoger legados diversos, de mujeres que nos precedieron.

Autonomía no es sólo independencia, es un posicionamiento político que surge de la idea que el pensamiento, el discurso y la acción política (el activismo) feminista es producido en espacios colectivos de mujeres en los que se han reunido para pensarse, pensar sus estrategias políticas y elaborar pensamiento crítico y cultural emanado de reflexiones, testimonios, experiencias, jornadas y encuentros -nacionales e internacionales-. Ha sido desde esos espacios, entre mujeres donde se ha visibilizado, “el malestar de las mujeres”(Verónica Matus, 2021), pero también se ha construido la potencia del movimiento, nombrando las violencias de género y sexuales, privadas y públicas, que en las democracias modernas han sido reconocidas como deudas con la igualdad y las libertades prometidas.

Desde su fundación, en la década de los 80 La Morada se ha definido como feminista autónoma, su trabajo de producción y activismo ha construido alianzas dirigidas principalmente a la necesidad de la articulación de movimiento y a espacios de mujeres. Su recorrido la sitúa en la sociedad civil con esa marca de identidad, posición que surge, de la “denuncia, contradicciones e interrogantes, que encaran las mujeres en su vida cotidiana, dice Verónica Matus. “En Chile, ni la supremacía del mercado, ni lo público restringido a lo estatal representado por políticas públicas, o por planes de igualdad de oportunidades, dan satisfacción política a las mujeres” tampoco destraba la hegemonía masculina.

La autonomía, de acuerdo a Verónica Matus, “recoge la diferencia entre sociedad, Estado y mercado y valora el rol de asociaciones y redes independientes del Estado, reclama la importancia estratégica del espacio público y de la opinión pública para la ampliación del discurso democrático a la vez que influye en la definición de las políticas”.

No hay una sola forma de practicar la autonomía, esta es tan plural como plural es hoy la diversidad en los modos de hacer feminismos. La autonomía se inscribe en una concepción radical de la discursividad y la práctica política, en este sentido tomamos distancia con la categoría de género, por su carácter técnico no transformador, sin desecharla como categoría de análisis crítico y cultural a las discursividades y estructuras simbólicas con que el sistema masculino dominante ha controlado, deseos, libertades y derechos de las mujeres.

La mayor definición de autonomía se da por la independencia de los partidos políticos, estructurados todos – no hay ni uno que no lo sea-   por signos y símbolos patriarcales, sin embargo, los feminismos de hoy, vuelven a encontrar puntos de convergencia en esas lógicas y esas estructuras, con la presencia de una gran militancia de mujeres como también en diversos movimientos sociales u otros espacios, que se posicionan críticos al sistema capitalista y patriarcal.

El proyecto “Porfía Feminista” se propone construir un espacio de colaboración entre feministas, en generar aperturas a temas nuevos o aquellos invisibilizados en la centralidad de la política, pero que han sido trabajados en los territorios: abrir debates y diálogos entre compañeras que comparten posiciones, conocer cómo en el marco de la Convención Constitucional, experimentan -o no- tensiones que ponen en juego su posición feminista.

Como feministas diversas y plurales, estas discusiones movilizarán sin duda otras preguntas, otras reflexiones y palabras necesarias en relación a nuestras propias trayectorias, como mujeres autónomas, como integrantes de colectivos/as y como participantes en un movimiento autónomo amplio, plural y diverso.

Hablar desde la autonomía, es visibilizarla y fortalecerla, compartiendo las prácticas de los colectivos y sus modos de inserción en políticas locales y centrales, La discusión sobre territorio y nación, es sin duda uno de los aspectos más relevantes de los modos de hacer política feminista: los encuentros nacionales permiten evaluar el estado de nuestras comunicaciones y diálogos  para planificar propuestas y modos de avanzar en la construcción de estrategias, en lo que concierne a cambios culturales y modos de convivencia democrática. En este sentido, nos anima la realización de una estrategia educativa en lo que significa formarnos como ciudadanas activas e informadas, deliberantes y capacitadas en la toma de decisiones políticas. Es desde la autonomía desde donde las mujeres hemos logrado trazar una trayectoria de visibilidad en que la paridad se ha hecho posible, 77 mujeres y 77 hombres forman laConvenciónconstituyente, no todas son feministas autónomas; esta paridad única en el mundo en la redacción de una nueva constitución hace visible un protagonismo del que solo las mujeres hemos sido gestoras.

El dialogo es en este caso la estrategia principal que hará posible trazar legados abiertos hacia el futuro.

Febrero de 2022

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Comunicado de prensa

Comunicado de prensa

FEMINISTAS EN DUELO: por nuestras muertas, estamos en lucha contra el fascismo.

Organizaciones del amplio Movimiento Feminista de Chile (más de 300 ) nos hemos convocado el día de hoy, Lunes 10 de agosto, al mediodía, en plazas, calles, estaciones de metro, panderetas a la calle, plaza de La Dignidad y diferentes lugares del todo el territorio plurinacional, lo hicimos para dejar nuestra palabra pública.

Nos levantamos contra la avanzada de la violencia patriarcal, capitalista, racista y fascista. Nos levantamos contra los ataques a mujeres y disidencias en todos los espacios. Nos levantamos contra las agresiones hacia el pueblo mapuche en Wallmapu.

La jornada de protestas a repletado las redes sociales con el HT #FeministasEnDuelo y culmirá con un cacerolazo llamado a las 20:00hrs, luego a las 22:00 se compartirá en los diferentes perfiles las canciones “Sin Miedo” y “Arauco tiene una pena”.

Agradecemos a vuestro medio la difusión de esta actividad ya realizada. Si desean contactar voceras de las diferentes orgánicas o colectivas, por favor llamar a Valentina Bruna, +569 6847 9855

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Diplomado en especialización clínica en violencia de género

Diplomado en especialización clínica en violencia de género

La violencia de género constituye un problema social de primer orden. Desde las manifestaciones que se instalan bajo la denominación de “violencia psicoló- gica” hasta el femicidio, este fenómeno muestra su arraigo en prácticas y relaciones de género que se resisten a su transformación. En nuestro país se han desarrollado diversos instrumentos, especialmente jurídicos y normativos, orientados a su tratamiento.

No obstante, todos los estudios indican la mantención y agravamiento del fenómeno, no sólo en lo relativo a su prevalencia sino especialmente en lo referido a sus manifestaciones. El quehacer clínico, en particular, y en todos los niveles, se enfrenta al desafío de buscar modos de comprensión y abordaje de este problema y, especí- ficamente, en lo que concierne al desarrollo de habilidades teóricas y prácticas que consideren las particularidades de la experiencia de la violencia. De esta forma, el diplomado busca proveer a los participantes de marcos teóricos comprensivos para el fenómeno de la violencia de género y los principales elementos que intervienen en la constitución de este tipo de situaciones de violencia, así como su relación con otras manifestaciones contemporáneas del malestar; entregar herramientas para identificar, diagnosticar y comprender las manifestaciones clínicas del fenómeno; y proveer de estrategias para la generación de planes de enfrentamiento de situaciones de violencia de género y del manejo clínico de pacientes de situaciones de violencia.

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Firma convenio con SIDARTE

Firma convenio con SIDARTE

Nuestra Corporación firmó el pasado 25 de julio, un convenio de colaboración con el Sindicato Interempresa de Actores, Actrices, Trabajadores y Trabajadoras de Artes Teatrales de Chile, SIDARTE, que pone a disposición de actrices y trabajadoras del mundo del teatro y las expresiones audiovisuales un  dispositivo de acogida y denuncia de casos de violencia de género. Para ello, quienes quieran recibir orientación, realizar denuncias o recibir atención psicológica, deben tomar contacto a través del mail denuncias@sidarte.cl y una profesional de nuestra Corporación tomará su caso.
Francisca Pérez Prado, presidenta La Morada; Ignacio Achurra Presidente de SIDARTE y María José Pizarro Directora SIDARTE
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Firma Convenio Museo de la Memoria

Firma Convenio Museo de la Memoria

El día 11 de Octubre, Francisca Pérez Prado, a nombre de nuestra Corporación, firmó un Convenio de Colaboración con la Fundación Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Dicho Convenio, establece un acuerdo de mutua colaboración e intercambio, destinado a promover y fomentar la memoria y los derechos humanos a través de acciones en el ámbito del feminismo. Así mismo, busca establecer un compromiso con un feminismo con visión de futuro, que conecte a las nuevas generaciones en la importancia de una sociedad igualitaria.

El Museo se comprometió a través del Convenio, a abrir una línea transversal de Memoria y Feminismo dentro de su trabajo programático y a programar actividades en conjunto con La Morada que impliquen un acercamiento y favorezcan la difusión de la memoria, los derechos humanos y el feminismo. Por su parte, La Morada se comprometió a construir en conjunto con el Museo un programa de trabajo enfocado en el feminismo y su quehacer actual, así como a desarrollar programas conjuntos de investigación y extensión sobre derechos humanos, género y feminismo.

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Encuentro Nacional de Mujeres que Luchan

Encuentro Nacional de Mujeres que Luchan

Estimadas,El Encuentro Nacional de Mujeres que Luchan ya tiene cara. Se realizará el 8 y 9 de diciembre del 2018 con la intención de articularnos entre feministas y los distintos movimientos sociales y discutir cuáles deben ser las demandas centrales y específicas para la Huelga 8M.

Las temáticas propuestas a desarrollar son:

  • Violencia machista
  • Educación pública y feminista/no sexista
  • Trabajo y seguridad social
  • Derecho a la ciudad y a la vivienda
  • Defensa del territorio y soberanía alimentaria
  • Derechos sexuales y reproductivos.
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Feminismos hoy | en El Desconcierto

Feminismos hoy | en El Desconcierto

Del mismo modo que asistimos a la cínica celebración del triunfo del NO por la derecha, negando el carácter esencialmente antidemocrático de votar SI, y haber deseado prolongar la dictadura, olvidan su histórica resistencia al pensamiento emancipador del feminismo, al hacer una apropiación desvergonzada de un signo al que vacían de sus sentidos históricos.

link a El Desconcierto →


La palabra feminismo señala el recorrido histórico de un proceso social emancipatorio, una posición política crítica a las formas como se han construido las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres, una resistencia a la organización de los funcionamientos, los valores y las asignaciones de género en las sociedades de dominación masculina. Donde hubo alguna mujer en la historia que se levantó de su situación minoritaria: silenciada reprimida, suprimida de los campos del saber y del poder, se puso el pie en un territorio inaugural, se plantó una huella feminista que interrumpió el orden masculino. Se ingresó a un territorio antes vedado que hoy leemos como inicio de un camino de libertad para otras. Se interrumpió el orden social y cultural masculino con un nuevo deseo, un nuevo poder, un nuevo cuerpo.

En ese legado construido en gestos de rebeldía y libertad se escribe el camino de un pensamiento político, social y cultural que ha legitimado su lugar como un campo de saber/poder. Ha producido tradición política de pensamiento y de organización colectiva de mujeres. Ha constituido una historia, un corpus teórico, donde se reconocen nombres locales y globales de luchadoras, activistas, y pensadoras, que es necesario leer para conocer el saber de su desarrollo, sus formas y tiempos de emergencias en los distintos contextos históricos.

Deseo de emancipación y de libertad, incomodidad con las formas del poder, búsqueda de justicia social permiten el reconocimiento de mujeres que en su diferencia con otras y entre ellas –étnica, sexual, cultural económica–, han escrito la historia de una posición política que siempre estuvo del lado de la insatisfacción y la incomodidad frente al orden patriarcal y al capitalismo.

A las mujeres feministas nos une una tradición de acción política y de pensamiento teórico frente a un sistema económico y político que expropia cuerpo y palabra, que ha dejado a las mujeres en condiciones minoritarias frente al sujeto masculino. Basta revisar la historia y comprobar desde cuándo las mujeres tienen derecho a la educación, desde cuándo administran su patrimonio, desde cuándo tienen derecho a cuestiones mínimas, como viajar con sus hijos. Bastaría pensar y comprobar las diferencias de salarios y la imposibilidad de decidir sobre cuestiones fundamentales relativas a su vida íntima ­–como el deseo de tener o no tener hijos sin recibir un estigma de los guardianes de la moral– para asumir que la ciudadanía de las mujeres es inferior a la de los hombres.

El feminismo es anticapitalista y crítico de las instituciones de dominio masculino: el Estado neoliberal, las iglesias, los ejércitos, los totalitarismos. Es partidario del aborto libre y seguro en sociedades que organizan su poder de género en la propiedad del cuerpo de las mujeres, que las han castigado sin salud y con penas de cárcel cuando han ejercido este derecho y porque la violencia de género ha sido naturalizada en la cultura masculina. El feminismo no es anárquico ni violentista. Su acción busca ser transformadora. El feminismo está pasando siempre, pero en ciertos momentos históricos emerge con fuerza y visibilidad, para instalar y legitimar demandas inscritas en realidades especificas. En Chile se puede distinguir: el fuerte movimiento sufragista de principios de siglo XX, para exigir ciudadanía plena; el movimiento feminista de los años 70, organizado contra la dictadura con la demanda de “democracia en el país y en la casa”, y su incorporación de la vida privada a la política; y la actual re-emergencia del feminismo en mujeres jóvenes, exigiendo el fin de la violencia y abusos sexuales con que la naturalización del poder masculino sobre el cuerpo de las mujeres ha construido una histórica impunidad.

Por estas razones resulta inconsistente la apropiación del signo feminismo que hoy hace la derecha chilena como “un feminismo de lucha contra la injusticia”, sin enunciar la procedencia ni la historia de la injusticia, ni menos a qué injusticia se refiere. Sabemos que hoy hay muchos feminismo, que la diversidad de las mujeres desde sus posicionamientos resistentes al racismo, a la heterosexualidad impositiva desde las libertades corporales, desde los distintos modos de las luchas levantadas por su emancipación y libertades elaboran estrategias y modos de transformar sus existencias.

Pero también sabemos que la derecha chilena en su decirse feminista solo falsea su propia historia, sus puntos de vista conservadores en lugares comunes caricaturizando lo que verdaderamente ha sido el feminismo: “el feminismo radicalizado e individualista solo piensa en la mujer y no piensa en su entorno” (…) “Niega el carácter natural del sexo”, “destruye el matrimonio y la familia y transforma al hombre en su principal objetivo y adversario” ( diputada Ximena Ossandón, diario La Tercera). Estas afirmaciones que no surgen de ninguna autora ni posicionamiento feminista, ni responden a ningún fundamento feminista dan cuenta del deseo de apropiación y abuso de un signo político que esta llamada “ola feminista” ha puesto en escena como un empoderamiento de mujeres.

Del mismo modo que asistimos a la cínica celebración del triunfo del NO por la derecha, negando el carácter esencialmente antidemocrático de votar SI, y haber deseado prolongar la dictadura, olvidan su histórica resistencia al pensamiento emancipador del feminismo, al hacer una apropiación desvergonzada de un signo al que vacían de sus sentidos históricos.

La tradición de acción política y pensamiento feminista se ha vuelto plural y múltiple en las sociedades contemporáneas. Sus expresiones diversas en la actualidad continúan sus luchas haciéndose cargo de la necesidades sociales culturales y políticas de las mujeres heterosexuales lesbianas, transexuales, trabajadoras, migrantes y profesionales, para producir sociedades más integradas y solidarias.

El mentirse feminista de la derecha chilena está apegado a los lugares comunes de su histórico conservadurismo en materias de género. El feminismo que levanta no es sino una máscara política oportunista en un momento en que el feminismo ha vuelto a emerger, para visibilizar esta vez los efectos del capitalismo salvaje y sus alianzas productoras de desigualdades, xenofobias, racismos y sexismos restauradores de la dominación masculina.

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La lógica del empate como práctica de negacionismo

La lógica del empate como práctica de negacionismo

Hace unos días la nueva voz de la sanción moral se levantó para reclamar a la diputada Orsini su referencia a la práctica de la “violencia legítima” frente al sometimiento o la falta de libertad de los pueblos; quienes apoyaron crímenes brutales quieren crucificar al diputado Boric por reírse frente a una polera, sin pensar que su propia violencia no tiene parangón ni referencia que la haga comparable.

Leer columna en eldesconcierto.cl →

La parálisis, la esterilidad, la invalidez y la infecundidad de la lógica del empate en política tiene a la opinión pública sumida en el espectáculo obsceno de la banalidad (o ausencia) del pensamiento de la casta que nos gobierna. Lógica infantil que imposibilita el pensar, que en su discurso muestra su cobardía intelectual y su cálculo pequeño. Sin discurso para defender su violencia política, sin moral para justificar la ilegitimidad de la dictadura, la derecha endosa a sus adversarios el mal que la constituye. Su estrategia, apelar al empate.

Sabemos que nunca antes hubo en Chile un Pinochet, el dictador más abyecto tiene el mérito de ser único. La apelación al empate que la derecha inauguró en Chile ha construido un discurso que detiene el pensamiento, impide el diálogo inteligente, empobrece la política, aparta a la ciudadanía; no construye memoria ni piensa la historia; pero, sobre todo, no avanza en producir posiciones con credibilidad frente a la sociedad. Busca empatar para negar su verdad horrible: estuvieron ahí.

 

La instalación de esta práctica discursiva tuvo su origen en el tiempo en que los crímenes y violaciones a los derechos humanos perpetrados por la dictadura no pudieron seguirse negando y ocultando, y tampoco podían justificarse desde una posición política que debía comparecer públicamente democrática y moderna. Había que decirlo, había que reconocer lo evidente; había que hacerse cargo de un imperativo liberal, de un avance de la democracia, de un momento histórico que demandaba un tributo a la memoria. Fue entonces que los partidarios de Pinochet, frente a la imposibilidad de negar el totalitarismo, frente a la dificultad de reconocer la verdad de las violaciones a los derechos humanos, la tortura, el exilio, la corrupción y la violencia de Estado, descubrieron el culebreo ideológico  de homologarse con su adversario.

Ganadores fácticos, pero perdedores éticos, no tenían coraje ni discurso para reconocer la gravedad de su responsabilidad: optaron entonces por desviar y eludir. Por no dar la cara. Este, el discurso del empate, surge como forma de tachar el reconocimiento de la verdad histórica de los crímenes de Pinochet; como estrategia de situarse públicamente blanqueados. Frente a la exigencia de asumir una realidad que no podían decir, pero tampoco negar, acudieron a la práctica de la homologación, de construir una fórmula que, sin distinciones ni contextos, sin diferenciar éticamente los discursos políticos, insiste en apelar a sus adversarios a reconocerse defensores de lo que ellos defienden: el totalitarismo. Desde entonces Hitler y Stalin, Pinochet y Fidel Castro, entre otros, serán revueltos en la misma batidora, en que la derecha echará adentro a cualquiera que le sirva para negar las atrocidades de la dictadura de Pinochet –recordemos cuánto costó nombrarla como tal–. En esa falacia se mezclan obscenamente causas y proyectos, discursos e ideologías que en sus bases representan o representaron en el pasado proyectos políticos de distinto sentido social. Los medios anularán los fines. Quienes lucharon por la justicia social se mezclarán con los defensores del dinero y el capital, las distintas ideas se neutralizarán en un empate que no hace distinciones entre el colectivismo solidario o el individualismo egoísta del capitalismo salvaje; se confundirán errores y horrores.

Hay líderes indefendibles, hay prácticas políticas insostenibles, hay modos de ejercicio del poder que han desviado cualquier camino hacia una causa que debía tener otros fines; otra cosa es confundir a la opinión pública para eludir la propia responsabilidad política con la moral del empate falaz. No hay empates porque hay contextos internos y externos, hay diferencias discursivas y de proyectos sociales; hay causas e intenciones diversas.

Hablar de violencia hoy o pensar siquiera que la violencia ha tenido sentido en algunos momentos de la historia, hace alzar la voz de inmediato a los guardianes de la falsa moral social que empata posiciones no empatables, para justificar y no asumir los costos de sus posicionamientos políticos, que cobran cuentas a sus oponentes que, leales consigo mismo: con su ideas y  las pulsiones que movilizan sus comportamientos, no caen en su juego, no ceden a sus requerimientos. La violencia de Estado no empata con la violencia revolucionaria. Las ideas políticas están incardinadas en el cuerpo y en el corazón, convocan los sentimientos y  emociones, por eso las posiciones políticas admiten junto al reconocimiento de un hecho una tensión emocional que puede traducirse en risa o en llanto y quizás no pueda enunciarse solo en los lenguajes de lo afirmativo o lo negativo con que el pensamiento autoritario controla lo social. Estamos en un momento histórico de crisis de las oposiciones radicales, el lenguaje requiere ser examinado, y reconocido en sus huellas y recorridos para poder decir lo que no siempre se sostiene en la lengua fundamentalista que niega o afirma sin más.

Hay contradicciones entre nuestros pensamientos, nuestras ideas políticas, y nuestras lealtades. Las emociones se filtran en la lógica de la corrección. Solo la valentía de la lucidez y la inteligencia podrá elaborar discursos que hagan audibles esas señas de identidad social, pero no exhibiendo un falso estado de buenaventuranza y falsa bonhomía que apela al otro a desmoronar sus ideas, sus líderes y sus emociones. No hay empate porque hay situaciones y particularidades políticas distintas.  La apelación debe ser al pensamiento, al decir inteligente y a la construcción de discursos políticos que hagan posible diálogos y verdades públicas. Solo así se despolarizará la atmósfera social.

Hace unos días la nueva voz de la sanción moral se levantó para reclamar a la diputada Orsini su referencia a la práctica de la “violencia legítima” frente al sometimiento o la falta de libertad de los pueblos; quienes apoyaron crímenes  brutales quieren crucificar al diputado Boric por reírse frente a una polera, sin pensar que su propia violencia no tiene parangón ni referencia que la haga comparable. Pertenezco a esos y esas que bailamos y reímos alegres en la Alameda cuando el tirano murió. Alegría dulce y violenta que nos sacudió el dolor.

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